Secca dell’Elefante

En la continuación de la dorsal que parte del scoglio del fico, la última inmersión que se puede hacer a Mistral de Molara es la llamada del Elefante, caracterizada de una increible formación rocosa que representa, como si fuera estada esculpida por las manos de un artista del tiempo, una enorme cabeza de elefante, con un buen trozo de oreja y trompa apoyadas sobre la piedra.

Como os hemos contado en la introducción al apartado de nuestras inmersiones, y hablando de la historia geológica de esta zona, se presupone que alrededor de hace 18 mil años, el mar era más o menos 100 metros mas bajo; esto, a ojo de los geólogos, explicaría el porque de las extraordianrias formas que ha tomado el granito en esta y en otras inmersiones, considerando que el tipo de roca de la que estamos hablando, a diferencia de la caliza, en inmersión no cambia para nada su aspecto.

Así que podemos decir que en realidad, los buceadores nada sobre un fondo que, presumiblemente, una vez era tierra a cielo abierto y las montañas de granito, los arcos, los grandes bloques, la misma cabeza del elefante, estaban expuestos a la erosión de la arena transportada por el viento, los cambios climáticos y las lluvias.

Una inmersión comprendide entre los -14 y -35 metros, entres grandes rocas de granito apoyadas sobre la arena y rodeadas de una preciosa pradera de posidonia; en las numerosas fisuras, un ojo atento con la ayuda de una antorcha, pueden observar diferentes tipos de cangrejos, gambas, brótolas y también morenas y congrios, peces colorados y castañuelas que hacen de marco a los sargos, a las obladas y a los meros que nadan e media agua.

El recorrido, muy variado por lo vasto del las rocas, transcurre a cotas diferentes y a veces sigue el perfil de las piedras recubiertas por algas marrones, hasta llegar al fondo arenoso; una zona de mar, entre otras, que se presta a los encuentros con peces de paso como las serviolas o los dentones que cazan en torno a las montañas de granito.

Imposible pasar desapercibida, la presencia de una enorme ancla tipo almirantazgo, larga más de 3 metros acomodada sobre la cumbre de una roca.

Las zonas arenosas que se abren de vez en cuando entre la posidonia, están pobladas de salmonetes que remueven el fondo en busca de comida y que dan el banquete a las obladas y doncellas, siempre listas para aprovechar un bocado que ha huido a los atentos cazadores.